Detrás de cada proyecto institucional existe una visión que guía y un liderazgo que inspira. Conversamos con Cristina, rectora del Martim Cererê, sobre vocación, desafíos y el compromiso de formar no solo estudiantes competentes, sino personas íntegras y conscientes de su proyecto de vida.
¿Cuándo descubrió usted que la educación sería su proyecto de vida y qué la impulsó a asumir un rol de liderazgo institucional?
A mí siempre me gustó enseñar, desde que estaba en el colegio. Hacía tutorías con mis amigos, y recuerdo que mis profesores de Física y Matemáticas, cuando estaba en sexto curso, me sacaban de clase para que les diera clases a los de quinto, porque me encantaba enseñar.
Creo que siempre lo supe, como algo muy interno. Sin embargo, formalmente mi primera carrera fue Administración de Empresas. Luego la vida me fue llevando de regreso a las aulas. Después hice una maestría en educación y ahora estoy cursando un doctorado en educación. Pero, en el fondo, siempre lo supe.
Si un visitante recorriera hoy el colegio, ¿qué percibiría del ambiente académico y humano en sus aulas y espacios formativos?
Creo que lo más importante que se siente es un ambiente de familia, de comunidad, de gente que se quiere y se respeta.
En lo académico, los espacios reflejan orden y exigencia, pero siempre con las personas como prioridad. Lo más importante es el desarrollo de cada niño, de cada joven y de cada docente, dentro de un entorno de excelencia y respeto por la individualidad.
¿Qué principios personales orientan sus decisiones y cómo procura que se reflejen en la gestión institucional?
Para mí, lo más importante son las personas. Más allá de aprender matemáticas o ciencias, o de sacar buenas notas, lo esencial es que cada estudiante y cada familia encuentre en el colegio un espacio que aporte a su formación y crecimiento personal, donde se sientan queridos y respetados.
En cada decisión busco ser imparcial, analizar todos los lados y las implicaciones. No siempre lo logro, porque soy humana y puedo cometer errores, pero mi intención es que haya justicia, equidad y respeto.
¿Qué aspectos considera que distinguen al colegio dentro del panorama educativo y lo convierten en una comunidad sólida?
Creo que el colegio es, ante todo, una familia. Este es mi segundo año aquí, y fue muy fácil enamorarme del proyecto y de su gente.
Tiene hermosas instalaciones y un gran proyecto educativo, pero lo más importante es la comunidad. Esa sensación de que cada persona es importante y puede ser quien realmente es, es lo que lo hace especial y lo que me motiva cada día.
¿Cuál es el reto más complejo que enfrenta en el ejercicio cotidiano de la rectoría y cómo lo asume?
Lo más complejo es formar niños y jóvenes siendo coherentes con las expectativas de los padres y las exigencias de la sociedad actual.
Vivimos en un contexto donde muchas veces predominan antivalores, y educar “contracorriente” es un desafío. También lo es equilibrar las expectativas de las familias con el respeto a la individualidad de cada estudiante.
Hablando de mejora continua, ¿qué iniciativas recientes reflejan la evolución del colegio?
En estos dos años hemos puesto énfasis en la convivencia: talleres, prevención de adicciones, educación en sexualidad y afectividad, y construcción de una convivencia pacífica.
En lo académico, hemos fortalecido las opciones del Bachillerato Internacional, para que cada estudiante elija su camino según sus intereses y fortalezas.
En primaria, hemos impulsado la enseñanza de la matemática con metodologías activas como el aprendizaje basado en proyectos, y también el fomento de la lectura.
Además, estamos fortaleciendo el servicio a la comunidad, para que los estudiantes conozcan la realidad fuera del colegio y se involucren activamente.
Fuera del ámbito institucional, ¿qué actividades le permiten mantener equilibrio y claridad en su labor?
Mi mayor fuente de estabilidad es mi familia. Tengo el apoyo incondicional de mi esposo, llevamos más de 30 años de casados, y tengo cuatro hijos maravillosos.
En mi tiempo libre me encanta hacer deporte, leer, y también cantar y bailar.
¿Cómo se prepara a los estudiantes no solo para el éxito académico, sino para asumir con responsabilidad su proyecto de vida?
Lo más importante es que se conozcan, se valoren y se quieran a sí mismos.
Es lindo pertenecer a un grupo, pero lo esencial es ser fiel a uno mismo, a sus valores y a su familia.
No sirve de nada tener estudiantes brillantes si no saben quiénes son o hacia dónde van. Queremos formar personas felices y que aporten a la sociedad.
A lo largo de su trayectoria, ¿qué aprendizaje ha transformado su manera de dirigir?
Creo que aprender a ponerme en los zapatos de los demás.
Cuando un padre llega molesto, trato de entender qué está sintiendo. Como mamá, puedo empatizar. Lo mismo con los docentes: entiendo sus frustraciones y desafíos.
Salir de mi propia perspectiva y comprender la de otros ha sido clave.
Si pudiera dejar una reflexión final para esta comunidad educativa, ¿cuál sería?
Que amen el colegio en el que están, que valoren las oportunidades que ofrece y que nunca olviden sus raíces, sus principios y quiénes son.