En esta edición del periódico estudiantil, tuvimos la oportunidad de conversar con Rafaela Mora, una de las escoltas que ves todos los días, pero de la que tal vez no sabías tanto. Detrás del uniforme hay una persona con una gran vocación, y sobre todo, con mucho corazón. Así nos contó lo que significa para ella esta labor:
- Rafaela, ¿qué significa para ti ser escolta?
Ser escolta es una gran responsabilidad. No se trata solo de proteger, sino de estar siempre atenta, anticiparme a los riesgos y cuidar a los demás. Es un compromiso que va mucho más allá del uniforme o de estar parada en un punto. - ¿Qué valores crees que debe tener una buena escolta?
Lealtad, respeto, empatía y disciplina. Pero para mí lo más importante es la humanidad. No solo se trata de proteger, sino de entender a las personas y actuar con sensibilidad. - ¿Qué sientes cuando estás haciendo tu labor dentro del colegio?
Siento orgullo y responsabilidad. A veces no se nota lo que hacemos, pero cuando alguien se siente seguro porque estoy ahí, entiendo que todo vale la pena. Eso me da mucha motivación. - ¿Qué es lo que más te enorgullece de ser escolta?
Que la gente confíe en mí. Que alguien se sienta tranquilo sabiendo que estoy cerca es el mayor reconocimiento que puedo tener. - ¿Y cómo manejas la presión del trabajo?
Respiro, observo y me recuerdo que soy humana. Me preparo, pero también me permito sentir. La clave es mantener el equilibrio entre lo que pienso y lo que siento. - ¿Qué habilidades consideras esenciales para ser escolta?
Saber observar, comunicar bien y tomar decisiones rápidas. Y sobre todo, mantener la calma cuando todo parece estar patas arriba. - ¿Qué opinas del trabajo en equipo dentro del colegio?
¡Es súper importante! Nadie puede cuidar todo por sí solo. La coordinación entre escoltas, personal y directivos es clave para que todo funcione. La confianza entre nosotros lo hace posible. - ¿Te ha cambiado esta experiencia?
¡Sí, muchísimo! Ahora soy más paciente, más atenta a los detalles, y valoro más la seguridad, no solo la física, también la emocional. Me ha hecho crecer como persona. - ¿Qué le dirías a alguien que quiere ser escolta?
Que no lo vea solo como un trabajo. Es una vocación. No se trata de imponer, sino de servir con respeto y firmeza. Hay que tener corazón, no solo fuerza. - ¿Cómo haces para equilibrar tu vida personal con esta responsabilidad?
No es fácil, pero he aprendido a disfrutar los momentos simples: una comida en familia, un rato en silencio, un paseo. Cuando cuido mi paz mental, también cuido mejor a los demás.
Rafaela nos deja una enseñanza clara: ser escolta no es solo estar en una esquina vigilando, sino cuidar desde el compromiso, con empatía y respeto. ¡Gracias por tu trabajo y por compartir tu historia con nosotros, Rafaela!
